[ámame u ódiame tú decides]
Tenía la mala costumbre de pensar que era libre
cuando tus brazos eran mi cárcel,
me abrazabas demasiado fuerte
porque tenías miedo de que dejara de quererte,
tenías miedo de que abriera los ojos
y descubriera
que siempre me enamoro de la persona equivocada,
de aquellas que no me dedican ninguna mirada,
de aquellas que no me dicen nada,
de aquellas que solo quieren verme amordazada.
No sé en que pensé,
ni siquiera sé si lo hice,
pero me caí en tus labios
y al abrir los ojos me desperté en un paraje desconocido
no era consciente de que había pagado muy caro el peaje,
de que me había equivocado de viaje
y sobro todo de destino
me había perdido en el final del camino,
mi avión se había estrellado en tus ojos
y mi corazón ya no aguantaba más tus enojos...
Pensé que eras un buen lugar para quedarme a vivir,
nunca creí que de ti algún día llegaría a huir,
en tus brazos estaba dibujada la palabra morir
y yo no era capaz de fingir
que atrapada en una cárcel se puede sonreír.
Ódiame si quieres,
ámame si así lo prefieres,
pero por favor ábreme la jaula
ya no aguanto más, mi corazón lo único que acumula,
son heridas cargadas de tu locura,
llenas de amargura...
Me pusiste entre la espada y tu boca
estaba claro que caería en la trampa.
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