Desastre


Me lanzé a tu cuello creyendo que eso curaría todos los males que me perseguían, pero no, descubrí la maldad que tu lengua encerraba. Al probarla sentí el veneno que desprendía, veneno que mis venas necesitaban para sobrevivir.
Dime qué se siente al romper dos corazones de un sólo movimiento, de un sólo parpadeo. Ojos que no ven, corazones que se marchitan, llamas que se apagan.
Tus manos jugaban con mis curvas y me dejé tentar, empecé a jugar con fuego y antes de llegar a quemarme ya no quedaban ni rastro de las cenizas.
Actuamosa sin miedo a las consecuencias y acabamos consumidos en un mar de dudas y desprecios, catarsis de sentimientos, choques de realidades, promesas efímeras.
Odio echarte de menos porque sé que tú no haces lo mismo. Odio seguir necesitando tu veneno, porque siempre vuelves para romperme.

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