sin hacer ruido
Enredada entre las sábanas de tu cama descubrí la marca de tus colmillos en mi cadera, las ganas que tenía de comerte, las ganas que tenía de huir y correrme entre tus brazos. Sabía que tu estabas enredado en los tirabuzones, que se crean en mi pelo por las mañanas y también sabía que ninguno de los dos pensaba moverse ni un sólo centímetro, porque, sentíamos como nunca lo habíamos hecho y vivíamos en libertad, encerrados entre las piernas del otro, pero, corríamos cuando queríamos.
Por favor dime que me extrañas, que no has vuelto ha sentirte como cuando te encerraba entre mis piernas, antes de decirme que ni siquiera sabes como me llamo, dime que te gustaban nuestros orgasmos, que mis tirabuzones son en los únicos que duermes y explícale al resto de los mortales, que antes de la química va la física y que tu y yo empezamos en mi cama y acabamos en la tuya. Explícales también que con sólo un roce de nuestras pieles se crea un incendio, que nadie es capaz de controlar.
Tuvimos una catarsis de pensamiento radical con sólo vernos reflejados en los ojos del otro, porque los mejores amantes son aquellos que no hacen ruido y nosotros somos expertos en huir sin dejar rastro, en escabullirnos de camas ajenas y borrar absolutamente todas las huellas, nuestro lema: "entra formando un escándalo y huye lo más sigilosamente posible". Porque la despedida es lo que más duele.
Me desperté al sentir que nuestro fuego se había apagado y que mi corazón estaba sufriendo congelado una pequeña parada cardíaca, la cosa fue a peor cuando descubrí que te habías ido borrando cada una de tus huellas, despacio y sigilosamente, dejaste plantada a tu amante sin ni siquiera preguntarle, cómo le gusta el té.
Desde entonces han pasado por mi cama todo tipo de transeúntes, con los que he vivido en simbiosis por lo menos una noche entera, pero, permíteme reclamarte una sola vez. Nadie, recalco, nadie es capaz de volver a encerrarme entre sus piernas, lo han intentado y yo he huido como tú mismo me enseñaste, igual que tú huiste de mi, de la misma forma. Sin hacer ruido, sin dejar rastro.
Por favor dime que me extrañas, que no has vuelto ha sentirte como cuando te encerraba entre mis piernas, antes de decirme que ni siquiera sabes como me llamo, dime que te gustaban nuestros orgasmos, que mis tirabuzones son en los únicos que duermes y explícale al resto de los mortales, que antes de la química va la física y que tu y yo empezamos en mi cama y acabamos en la tuya. Explícales también que con sólo un roce de nuestras pieles se crea un incendio, que nadie es capaz de controlar.
Tuvimos una catarsis de pensamiento radical con sólo vernos reflejados en los ojos del otro, porque los mejores amantes son aquellos que no hacen ruido y nosotros somos expertos en huir sin dejar rastro, en escabullirnos de camas ajenas y borrar absolutamente todas las huellas, nuestro lema: "entra formando un escándalo y huye lo más sigilosamente posible". Porque la despedida es lo que más duele.
Me desperté al sentir que nuestro fuego se había apagado y que mi corazón estaba sufriendo congelado una pequeña parada cardíaca, la cosa fue a peor cuando descubrí que te habías ido borrando cada una de tus huellas, despacio y sigilosamente, dejaste plantada a tu amante sin ni siquiera preguntarle, cómo le gusta el té.
Desde entonces han pasado por mi cama todo tipo de transeúntes, con los que he vivido en simbiosis por lo menos una noche entera, pero, permíteme reclamarte una sola vez. Nadie, recalco, nadie es capaz de volver a encerrarme entre sus piernas, lo han intentado y yo he huido como tú mismo me enseñaste, igual que tú huiste de mi, de la misma forma. Sin hacer ruido, sin dejar rastro.

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