{FRANCIA}

Mirarte a los ojos
y echarte de menos.

No recorrer tus calles
es mi peor pesadilla.

Fuiste quien me permitió abrir los ojos
descubrir nuevos horizontes,
dejar que la gente me abriera su corazón
y por consiguiente hacerlo yo.

Disfrutar de los asientos de un autobús
solo porque ellos y sus canciones
estaban a mi lado.

Dormir apoyada a tu hombro,
reírme a carcajadas por simples fotos,
escuchar nuevas personas
que no hablan mi idioma,
vivir bajo el techo de unos desconocidos
durante seis días.

Fueron ocho días los que pasé fuera casa,
los que pasé pisando tierra de otro país,
tengo claro que volveré
y tengo claro que lo repetiría todo exactamente igual.

La Tour Effiel me permitió verte las entrañas,
y mis doloridos pies
saben que te he desnudado casi al completo
ante mis pequeños ojos que te miraban atónita.

Los grandes inexpertos que venían conmigo,
han conseguido lo imposible,
han conseguido que quisiera parar el tiempo,
han conseguido que todos los segundos de este recorrido
hayan sido llenados por risas,
que no son más que el síntoma de la felicidad.

He recorrido tus sangrientas playas,
he sentido el respeto de moverme entre las tumbas
de gente inocente
y yo como una idiota,
sin poder estar seria,
con una risa que se me escapaba valiente
entre dientes.

Conseguí plantar sonrisas,
donde otros solo derrocharon lágrimas.

Pisar tus jardines,
odiar una de tus grandes epiceries (Paul),
sacar fotos hasta acabar la memoria del móvil,
por si algún día mis ojos lo olvidan todo.

Vivir el momento y el presente,
coger un libro prestado de Honfleur,
porque sé y tengo claro
que volveré a  pisar sus jardines.

Y es que no hay palabras suficientes para describir este viaje a Francia que ha conseguido unir nuevos corazones, que ha enseñado nuevos horizontes. Es imposible describir todo lo que he vivido esos ocho días, con una sola palabra.

Sólo puedo decir que es lo
MEJOR
que me ha pasado en toda mi
VIDA.








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